Galeria RepARTE

Estado Físico y Mental donde sus Habitantes se desarrollan como Seres Humanos

Archivo de Mayo 2007

21-Mx. Julio Sarracent Montesino. La Lisa (La Habana)

Publicado por RepARTE "República del ARTE" en Jueves, 31 Mayo 2007

Artista: Julio Sarracent Montesino (Sarra)

Título: ‘El Rey’ (2000)
Técnica: Rotuladores sobre fotografía
Medidas: 15×10 cm.
‘Club RepARTE del Coleccionista’

ADQUIRIDO

Publicado en 00 Adquirido, 1 Artistas EMERGENTES, 1f Julio Sarracent, Club RepARTE | 1 comentario

20-Mx. Julio Sarracent Montesino. La Lisa (La Habana)

Publicado por RepARTE "República del ARTE" en Miércoles, 30 Mayo 2007

Artista: Julio Sarracent Montesino (Sarra)

Título: ‘El Equilibrio I’ (1981)
Técnicas: Aguafuerte natural sobre cartulina
Medidas: 60×45 cm.
‘Club RepARTE del Coleccionista’

ADQUIRIDO

Información: galeria [arroba] reparte.org

Publicado en 0 Expo HVO, 00 Adquirido, 1 Artistas EMERGENTES, 1f Julio Sarracent, 99 Fondo RepARTE, Club RepARTE | 1 comentario

Julio Sarracent sus palabras a "Equilibrio I"

Publicado por RepARTE "República del ARTE" en Miércoles, 30 Mayo 2007

“El Equilibrio”/ 1981

Pintura, creada en 1981. donde sus colores marcan el punto entre el hombre y la naturaleza, Equilibrio, está dedicado a todas las personas amante de la Naturaleza, es decir es en sí mismo creador, sus tonalidades, se confunden con los colores del Mar y el cielo y sus colores representan el devenir de la vida.

Creada por Julio Sarracent Montesino en 1981.
Técnica empleada: Aguafuerte naturales.

Bucarest, 15 de junio de 2005

Julio Sarracent Montesino

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HABITANTES DESNUDOS DE LA PENUMBRA

Publicado por RepARTE "República del ARTE" en Martes, 29 Mayo 2007

Palabras al catalogo de la exposición Habitantes desnudos de la penumbra.

Madrid. Febrero 2007.

Humberto Viñas, cubano de origen canario, por lo tanto isleño, mejor dicho, doblemente isleño, es un pintor que crea una visión plástica que juega y conjuga fantasía y cosmografía cálida, magia y luz del trópico. Mestizaje de formas geométricas con raíces afrocubanas y luces caribeñas que nos invitan a ver poesía, a imaginar mundos donde criaturas, efigies, iconos, seres, figuras y rostros nos hablan, nos gritan y hasta nos susurran. Lo onírico y una base expresionista se funden y revitalizan para dar a luz a este designio.
Un día hablando con él (¿quién mejor que el propio artista para enseñarnos las claves de su obra?), me dijo que los vientos que asolan el malecón habanero poblaban su mente y su mirada de habitantes que le pedían salir y dejarse ver en la noche que acuna la ciudad rota. Sólo era él el que podía ser intérprete y taumaturgo de unos pobladores, siempre femeninos, que quieren navegar con las balsas de sus vidas por las calles viejas envueltos en las penumbras de su desnudez. En ocasiones es hasta cruel pues brazadas de rojos y azules manchan sus muslos y caderas como queriendo quitarles, despojarles de su condición humana, ya que los rostros quedan fuera, en la noche, ajenos al resto de su cuerpo. Los fija en sus ojos y después los plasma como islas y archipiélagos perdidos en su historia.
En sus lienzos aparecen dúos, tríos, solitarios enclaustrados en los vaivenes de una ciudad que les reclama más sufrimiento y también más existencia. Abrasados por la nitidez de esa luz y ese color que sabiamente imprime en sus lienzos, muestran la fuerza y la emoción de esas mujeres perennes que ansían la comunicación, la transferencia de un sentimiento de turbación que sabe arraigarse en nosotros, los espectadores, los que intentamos descifrar los misterios de una obra tan singular.
En él, al pintar, se desencadena aquello que decía José Carlos Somoza: “las tinieblas y los sueños se parecen en algo: ambos provocan visiones intensas”. Matisse también consideraba que “un gran pintor es el que encuentra signos personales y perdurables para explicar plásticamente el espíritu de su visión”. Humberto, luchando a partir de lo que metafóricamente podemos apreciar como una geografía de contornos muy limitados, es un claro exponente de este credo, especialmente por la densidad de una obra que surge y nace en un microcosmos cerrado.
En este pintor se constata el ejemplo de como en un entorno tan acotado y escaso de referencias globales se construye un proyecto que derivará en un escenario de símbolos universales. Un viaje desde la introspección a la extroversión, desde una geografía cerrada a una geografía abierta.
Y hay que destacar un factor básico en el trabajo de Humberto: la claridad de la que emana la definición de su visión estética, lo que en cada momento le demanda su impulso vigoroso, la soledad y la melancolía que contaminan la materia plástica, la vibración que se escucha en la contemplación de esas apariciones que festejan y hasta aman su angustia. En ocasiones le invade una enajenación crepuscular al asomarse por la ventana de sus propias telas, por la celosía que configura el alba de su atosigante vértigo. Ha terminado por comprender qué es lo único que define a un artista (Gottfried Fliedl): la fuerza para mostrar su propio mundo interior que no ha existido antes que él y que nunca más existirá después de él.
Ejemplifica la fórmula de Braque: la forma y el color no se confunden, hay simultaneidad. Y añado: también sensualidad y una lograda armonía para desarrollar una identidad de la angustia y de la melancolía. Y esta cita de Henry Miller viene a culminar esta reseña: “Sólo quienes pueden admitir la luz en sus entrañas pueden plasmar lo que se halla en el corazón”. Humberto tiene un corazón que palpita en la punta de un pincel y en los ojos de su mente.
Gregorio Vigil – Escalera.
Madrid febrero 2007.

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18LS. Escultora de Burkina Faso (Africa)

Publicado por RepARTE "República del ARTE" en Martes, 29 Mayo 2007

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17LS. T.C. Luis E. Oduardo (Santiago de Cuba)

Publicado por RepARTE "República del ARTE" en Martes, 29 Mayo 2007

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Fondo RepARTE "República del ARTE"

Publicado por RepARTE "República del ARTE" en Martes, 29 Mayo 2007

Os presentamos el Fondo de Arte RepARTE “República del ARTE” que está en continuo crecimiento.

Os mostraremos las obras que se van adquiriendo a lo largo de más de 13 años, y algunas están disponibles si es de vuestro gusto adquirirlas.

Deseamos que disfrutéis, tanto como nosotros cuando las conseguimos y podemos gozar del placer de su visión cotidianamente.

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Fondo RepARTE "República del ARTE"

Publicado por RepARTE "República del ARTE" en Martes, 29 Mayo 2007

Os presentamos el Fondo de Arte RepARTE “República del ARTE” que está en continuo crecimiento.

Os mostraremos las obras que se van adquiriendo a lo largo de más de 13 años, y algunas están disponibles si es de vuestro gusto adquirirlas.

Deseamos que disfrutéis, tanto como nosotros cuando las conseguimos y podemos gozar del placer de su visión cotidianamente.

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HABITANTES DESNUDOS DE LA PENUMBRA

Publicado por RepARTE "República del ARTE" en Lunes, 28 Mayo 2007

Palabras al catalogo de la exposición Habitantes desnudos de la penumbra.

Madrid. Febrero 2007.

Humberto Viñas, cubano de origen canario, por lo tanto isleño, mejor dicho, doblemente isleño, es un pintor que crea una visión plástica que juega y conjuga fantasía y cosmografía cálida, magia y luz del trópico. Mestizaje de formas geométricas con raíces afrocubanas y luces caribeñas que nos invitan a ver poesía, a imaginar mundos donde criaturas, efigies, iconos, seres, figuras y rostros nos hablan, nos gritan y hasta nos susurran. Lo onírico y una base expresionista se funden y revitalizan para dar a luz a este designio.
Un día hablando con él (¿quién mejor que el propio artista para enseñarnos las claves de su obra?), me dijo que los vientos que asolan el malecón habanero poblaban su mente y su mirada de habitantes que le pedían salir y dejarse ver en la noche que acuna la ciudad rota. Sólo era él el que podía ser intérprete y taumaturgo de unos pobladores, siempre femeninos, que quieren navegar con las balsas de sus vidas por las calles viejas envueltos en las penumbras de su desnudez. En ocasiones es hasta cruel pues brazadas de rojos y azules manchan sus muslos y caderas como queriendo quitarles, despojarles de su condición humana, ya que los rostros quedan fuera, en la noche, ajenos al resto de su cuerpo. Los fija en sus ojos y después los plasma como islas y archipiélagos perdidos en su historia.
En sus lienzos aparecen dúos, tríos, solitarios enclaustrados en los vaivenes de una ciudad que les reclama más sufrimiento y también más existencia. Abrasados por la nitidez de esa luz y ese color que sabiamente imprime en sus lienzos, muestran la fuerza y la emoción de esas mujeres perennes que ansían la comunicación, la transferencia de un sentimiento de turbación que sabe arraigarse en nosotros, los espectadores, los que intentamos descifrar los misterios de una obra tan singular.
En él, al pintar, se desencadena aquello que decía José Carlos Somoza: “las tinieblas y los sueños se parecen en algo: ambos provocan visiones intensas”. Matisse también consideraba que “un gran pintor es el que encuentra signos personales y perdurables para explicar plásticamente el espíritu de su visión”. Humberto, luchando a partir de lo que metafóricamente podemos apreciar como una geografía de contornos muy limitados, es un claro exponente de este credo, especialmente por la densidad de una obra que surge y nace en un microcosmos cerrado.
En este pintor se constata el ejemplo de como en un entorno tan acotado y escaso de referencias globales se construye un proyecto que derivará en un escenario de símbolos universales. Un viaje desde la introspección a la extroversión, desde una geografía cerrada a una geografía abierta.
Y hay que destacar un factor básico en el trabajo de Humberto: la claridad de la que emana la definición de su visión estética, lo que en cada momento le demanda su impulso vigoroso, la soledad y la melancolía que contaminan la materia plástica, la vibración que se escucha en la contemplación de esas apariciones que festejan y hasta aman su angustia. En ocasiones le invade una enajenación crepuscular al asomarse por la ventana de sus propias telas, por la celosía que configura el alba de su atosigante vértigo. Ha terminado por comprender qué es lo único que define a un artista (Gottfried Fliedl): la fuerza para mostrar su propio mundo interior que no ha existido antes que él y que nunca más existirá después de él.
Ejemplifica la fórmula de Braque: la forma y el color no se confunden, hay simultaneidad. Y añado: también sensualidad y una lograda armonía para desarrollar una identidad de la angustia y de la melancolía. Y esta cita de Henry Miller viene a culminar esta reseña: “Sólo quienes pueden admitir la luz en sus entrañas pueden plasmar lo que se halla en el corazón”. Humberto tiene un corazón que palpita en la punta de un pincel y en los ojos de su mente.
Gregorio Vigil – Escalera.
Madrid febrero 2007.

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HABITANTES DESNUDOS DE LA PENUMBRA

Publicado por RepARTE "República del ARTE" en Lunes, 28 Mayo 2007

Palabras al catalogo de la exposición Habitantes desnudos de la penumbra.

Madrid. Febrero 2007.

Humberto Viñas, cubano de origen canario, por lo tanto isleño, mejor dicho, doblemente isleño, es un pintor que crea una visión plástica que juega y conjuga fantasía y cosmografía cálida, magia y luz del trópico. Mestizaje de formas geométricas con raíces afrocubanas y luces caribeñas que nos invitan a ver poesía, a imaginar mundos donde criaturas, efigies, iconos, seres, figuras y rostros nos hablan, nos gritan y hasta nos susurran. Lo onírico y una base expresionista se funden y revitalizan para dar a luz a este designio.
Un día hablando con él (¿quién mejor que el propio artista para enseñarnos las claves de su obra?), me dijo que los vientos que asolan el malecón habanero poblaban su mente y su mirada de habitantes que le pedían salir y dejarse ver en la noche que acuna la ciudad rota. Sólo era él el que podía ser intérprete y taumaturgo de unos pobladores, siempre femeninos, que quieren navegar con las balsas de sus vidas por las calles viejas envueltos en las penumbras de su desnudez. En ocasiones es hasta cruel pues brazadas de rojos y azules manchan sus muslos y caderas como queriendo quitarles, despojarles de su condición humana, ya que los rostros quedan fuera, en la noche, ajenos al resto de su cuerpo. Los fija en sus ojos y después los plasma como islas y archipiélagos perdidos en su historia.
En sus lienzos aparecen dúos, tríos, solitarios enclaustrados en los vaivenes de una ciudad que les reclama más sufrimiento y también más existencia. Abrasados por la nitidez de esa luz y ese color que sabiamente imprime en sus lienzos, muestran la fuerza y la emoción de esas mujeres perennes que ansían la comunicación, la transferencia de un sentimiento de turbación que sabe arraigarse en nosotros, los espectadores, los que intentamos descifrar los misterios de una obra tan singular.
En él, al pintar, se desencadena aquello que decía José Carlos Somoza: “las tinieblas y los sueños se parecen en algo: ambos provocan visiones intensas”. Matisse también consideraba que “un gran pintor es el que encuentra signos personales y perdurables para explicar plásticamente el espíritu de su visión”. Humberto, luchando a partir de lo que metafóricamente podemos apreciar como una geografía de contornos muy limitados, es un claro exponente de este credo, especialmente por la densidad de una obra que surge y nace en un microcosmos cerrado.
En este pintor se constata el ejemplo de como en un entorno tan acotado y escaso de referencias globales se construye un proyecto que derivará en un escenario de símbolos universales. Un viaje desde la introspección a la extroversión, desde una geografía cerrada a una geografía abierta.
Y hay que destacar un factor básico en el trabajo de Humberto: la claridad de la que emana la definición de su visión estética, lo que en cada momento le demanda su impulso vigoroso, la soledad y la melancolía que contaminan la materia plástica, la vibración que se escucha en la contemplación de esas apariciones que festejan y hasta aman su angustia. En ocasiones le invade una enajenación crepuscular al asomarse por la ventana de sus propias telas, por la celosía que configura el alba de su atosigante vértigo. Ha terminado por comprender qué es lo único que define a un artista (Gottfried Fliedl): la fuerza para mostrar su propio mundo interior que no ha existido antes que él y que nunca más existirá después de él.
Ejemplifica la fórmula de Braque: la forma y el color no se confunden, hay simultaneidad. Y añado: también sensualidad y una lograda armonía para desarrollar una identidad de la angustia y de la melancolía. Y esta cita de Henry Miller viene a culminar esta reseña: “Sólo quienes pueden admitir la luz en sus entrañas pueden plasmar lo que se halla en el corazón”. Humberto tiene un corazón que palpita en la punta de un pincel y en los ojos de su mente.
Gregorio Vigil – Escalera.
Madrid febrero 2007.

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